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La filóloga ilurquense, Consuelo Maqueda, presenta sus libros en Granada

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VIAJE DE IDA Y VUELTA ENTRE LA POESÍA Y LO INTANGIBLE Consuelo Maqueda Morales, nacida en Íllora en el año 1937, licenciada en Filología Semítica por la Universidad de Granada, ha escrito varios libros sobre los textos sagrados de las religiones monoteístas que tuvieron su origen en la cuenca Mediterránea. La presentación de estos en la capital granadina se celebró el pasado diez de octubre.

En sus libros se aprecia de inmediato el mucho tiempo dedicado al estudio y comparación de dos textos sagrados: La Biblia y El Corán. (“Fraseología coránico-bíblica. Análisis comparativo.”)

 Para corresponder a una petición expresa de la autora me tomo el atrevimiento de hacer un comentario breve de unas obras de especialistas, cosa que yo, evidentemente, estoy muy lejos de ser, por lo que mi exposición es la de un profano. Sin embargo, a nadie se le escapa que tratando los libros de la autora de la Biblia y del Corán (textos fundamentales sobre los que se asienta la construcción moral de la cultura occidental) sus obras atañen a toda persona (“Influencias bíblicas en el refranero español”).

 El tercer trabajo de doña Consuelo lleva el título de “Fenomenología bíblica. Lo intangible.”, y la sola lectura del título me empuja, irresistiblemente, hacia la poesía.

Desde que tomamos el libro entre las manos nos damos de bruces con la dialéctica entre ‘lo intangible’ y ‘lo tangible’. O dicho de otro modo, entre la teoría y la práctica. O bien, entre el mundo de las ideas y el de la realidad material.

 Podríamos preguntarnos si los términos: intangible, teoría, ideas, absoluto, trascendente..., no se encuentran indisolublemente unidos a sus contrarios, como: lo tangible, la práctica, lo relativo y la realidad material.

 Situados ante un espejo, lo intangible es la imagen que vemos en él.

Situados ante un grito, lo intangible sería el eco.

Para un agujero negro lo intangible es la luz.

 La disociación o disección del ser en espíritu y cuerpo tiene una de sus recreaciones literarias en Don Quijote (el espíritu) y Sancho Panza (el cuerpo). Pero el encuentro de ambos se produce en la razón. Que no es otra cosa que la ‘integración’, la síntesis.

 Porque no existiría la imagen en el espejo sin el objeto. Ni el eco sin el grito. Ni el agujero negro sin la existencia de la luz. Y para el ser humano lo intangible solo existe debido a nuestra propia e insignificante existencia corporal.

 nada está fuera del Universo. Y el definitivo mensaje bíblico consiste en el ‘hecho’ de transportar lo intangible a nuestra vida real para hacerlo cotidiano. Y sin embargo, es entonces cuando surge un muro impenetrable, como pregunta que estuviera escrita en el cielo y a la cual el hombre teme responder: ¿Qué es la vida...? ¿Qué es el Universo...? ¿Qué representamos nosotros en la inmensidad del Cosmos...?

 Y descubrimos que hemos regresado al comienzo: A lo intangible. A aquello hacia lo que la ciencia camina como un ciego que avanzase a tientas sin poder alcanzar su objeto definitivamente: Simplemente porque su objeto se aleja a la misma velocidad que la expansión del Universo.

 Allí, en lo inalcanzable, se encuentra lo intangible, lo trascendente: Una diana en movimiento, o nuestra sombra, a la que es imposible aprehender.

 Y en este punto regreso a mi mismo, desde mi propia sombra, porque a algunos no nos queda más alma que salvar que nuestros propios cuerpos; los cuales sólo temporalmente son tangibles, pues serán intangibles para toda la eternidad.

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