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“Ahora veo que teníamos toda la razón”

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image Francisco Castelar Cano, "El Teresillo".

“Creo que tenemos que seguir luchando, incluso ahora se ve que claramente teníamos la razón”. Así de contundente es Francisco Castelar Cano “El Teresillo” cuando hablamos sobre la finca de Wellington

 Aún recuerda como hace treinta él junto a más de 200 “compañeros” reivindicaba la utilización de las tierras por las familias más desfavorecidas del municipio. Según “El Teresillo”, eran épocas difíciles, donde la gente pasaba hambre y no había mucho trabajo y se encontraban con un latifundio que “estaba muy poco utilizado”. Por este motivo, un grupo de agricultores realizaron una serie de “ocupaciones pacíficas” en la finca para exigir primero que el precio del kilo de la aceituna “se supiera desde el principio, y no una vez finalizada la campaña”, por otro lado pedían que se dejara a la gente coger la aceituna que quedara en el suelo una vez concluida la campaña olivarera. Según “El Teresillo”, los propietarios dejaban pastar a las ovejas “y evitaban que los vecinos pudieran recolectar lo que ya no querían los propietarios” y tenían la “prohibición absoluta” para entrar en las tierras y coger espárragos, setas o leña, alegando que podían realizar destrozos en los nidos de las perdices o en las cosechas.
Con todas estas pretensiones se iba fraguando una movilización ciudadana que fructificó en tres “ocupaciones de la Torre”, eso sí unas con más repercusiones que otras. La primera “fue poca cosa, sólo hicimos acto de presencia y de manera simbólica entramos en la propiedad”. Pero donde “sí hubo más meneo” fue en la segunda, como nos relata. “Ese día nos juntamos más de 200 personas de todo el municipio y otros de fuera” donde además contaron con el apoyo de Sindicato de Obreros del Campo y de CCOO. Según “El Teresillo” aquella mañana “llegamos a la puerta principal de la finca –desde Alomartes- y nos encontramos con unos cuantos Guardias Civiles en la puerta”, ni cortos ni perezosos, estos campesinos con su coche plagado de banderas andaluzas y republicanas la emprendieron contra la valla y entraron en la finca. “Aún recuerdo los tricornios volando y los cetmes por el suelo de los civiles cuando casi atropellamos a alguno con nuestro coche”, dice “El Teresillo”. Una vez dentro la finca de deparaba otra sorpresa. “Nosotros creíamos que ya estaba hecho, pero nos encontramos otros treinta civiles en la Torre que pretendían impedirnos el paso”. Pero no fue así. Más de 200 agricultores escalaron como pudieron los muros para acceder a la propiedad donde les esperaban los Guardias Civiles de mayor rango. Ya dentro, la benemérita tuvo oportunidad de hablar con “los cabecillas” de la revuelta que no eran otros que “El Teresillo”, Germán Porras y Francisco Baena –ambos de CCOO-, charla ésta a la que también se unió Don Gonzalo –gestor de la finca-. Según “El Teresillo”, Gonzalo pretendió hablar con Porras en privado, pero éste último se negó ya que “lo que tengas que decirme lo dices delante de mis compañeros” y no accedió a entrevistarse en soledad con el gestor de la hacienda.
Una vez finalizada la ocupación parecía que nada iba a pasar. Pero no fue así. Todo tiene repercusiones y a los pocos días llegó a una citación del juzgado de Loja para los tres “cabecillas” de la revuelta. Dice “El Teresillo” que el abogado de CCOO les recomendó que negaran la implicación, a lo que nuestro protagonista respondió que “eso es imposible, lo hice y lo haré mil veces si hace falta”. Finalmente, unas diez mil pesetas de multa para cada uno y dos meses de cárcel que no cumplieron. Multa que por cierto pagó CCOO.
Tras esta segunda entrada se produjo una tercera, pero esa vez más simbólica que otra cosa. Dice “El Teresillo” que fueron a la finca con sus hijos y más que nada a “pasar un día de campo” ya que se hicieron acompañar de buenas viandas como chorizo, morcilla y salchichón. Un año después y en el contexto de una huelga general de la agricultura, los mismos campesinos que iniciaron la revuelta visitaron la finca para hablar con los trabajadores que no habían secundado el parón. Allí se encontraron con los “compañeros trabajando, pero también con los civiles y el gestor de la finca” que incluso como dice “El Teresillo” le llegó a amenazar con denunciarlo al Gobernador Civil.
Ahora todo lo ve desde otra óptica, pero eso sí “El Teresillo” continúa con la misma reivindicación que hace treinta años, “devolver la finca al pueblo”.
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